En San Felipe es sabido que nos conocemos entre todos “¿En qué calle vives?”, “¿Tú de quién eres?” son preguntas habituales. También es una realidad común que hemos escuchado de amistades o familiares que se mudan a otra ciudad para estudiar. Dejamos de verles por un tiempo y, cuando regresan, nos cuentan la curiosa historia de cómo la gente de San Felipe les hace la gran pregunta:
“¿Tú no eres de San Felipe, verdad?”
Pero, ¿por qué tenemos que emigrar de nuestro municipio? ¿De nuestro hogar, de nuestras costumbres y de nuestra identidad?
La migración por motivos de continuar con estudios superiores es un problema estructural en San Felipe. En este artículo pretendo reflexionar sobre las causas sociales que orillan a estudiantes a emigrar a otro lugar para desarrollar su talento y que, en algunos casos, desafortunadamente, terminan por no volver.
¿Cuáles universidades hay en San Felipe?
En San Felipe contamos con dos ofertas de educación superior pública: el Instituto Tecnológico Superior de Irapuato (ITESI) y la Universidad del SABES (UNIDEG). Si bien son instituciones de alto nivel, con personal de excelencia, es cierto que su alcance académico se concentra en áreas como ingenierías y marketing. De hecho, en la página web de ITESI se menciona que su creación busca apoyar al corredor Silao-San Felipe, el cual tiene una vocación automotriz casi exclusiva.
En contraste, las carreras de ciencias sociales, humanidades, ciencias de la salud y artes no cuentan con un espacio en la oferta educativa local. Esto también comunica que estas disciplinas no son una prioridad frente a la gestión empresarial e industrial, como lo señalaba mi compañero, el Ing. Daniel Barrientos, en su artículo anterior. Así, si buscamos desarrollar nuestros talentos en otras áreas del conocimiento, resulta necesario emigrar a ciudades aledañas para continuar con nuestros sueños y metas. Es ahí cuando la fuga de talento joven de San Felipe se vuelve latente.
Cabe recalcar que esto no es culpa de quien decide migrar, sino de la incapacidad estructural del municipio para garantizar una continuidad educativa integral mediante políticas públicas que generen empleo y condiciones dignas para que el talento no tenga que migrar por ambición, sino que pueda crecer desde su lugar de origen. Hace falta que existan espacios educativos inmersivos reales, que funcionen como áreas de descubrimiento vocacional, y que jóvenes líderes sanfelipenses desarrollen sus habilidades hasta lograr su inserción en el mercado laboral en aquello para lo que se prepararon.
Te recomendamos leer:
Además, estudiar fuera no es para todos: es un privilegio. No solo hablamos de dinero para pagar renta, comida e inscripciones. También nombramos a la resiliencia para enfrentar la soledad y el choque cultural. Cuando la educación alineada a un proyecto de vida es un privilegio y no un derecho, terminamos conformándonos con «lo que hay» y no con lo que soñamos, impactando directamente nuestra satisfacción personal.
Para concluir, pongo esta reflexión en manos de quienes se quejan de los problemas del municipio. La educación no es la única solución para que las cosas realmente mejoren en San Felipe, pero es uno de los factores clave que permite pensar en soluciones creativas para la gestión de la educación, la vialidad, el empleo, la prevención de la salud, la seguridad y el desarrollo comunitario. Sin diversidad académica, el futuro de San Felipe seguirá migrando.







Deja un comentario